Yo gané y hago lo que quiero

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Todos en algún momento hemos participado en la más básica manifestación de democracia, una votación directa y secreta, es que a todos nos han enseñado desde muy temprano en nuestras vidas que la democracia es que las personas se manifiestan, normalmente mediante un voto y la voluntad de la mayoría es llevada a cabo. No encontramos mayor problema cuando son asuntos pequeños como un grupo decidiendo que película ver o a donde comer, pero ya cuando hablamos de la política de un país entero pues el asunto se complica un poco.

En los países democráticos los asuntos más grandes suelen ser decididos con votaciones consultivas donde las personas van a expresarse respecto a un asunto y una propuesta gana, la otra pierde y la democracia funcionó.

Pero ¿qué significa esto para los perdedores? Según lo que nos enseñaron en la escuela pues no tienen derecho alguno, pero cuando una votación da resultados muy polarizados con una diferencia muy pequeña, es difícil prescindir de la mitad de los votantes por haber perdido.

Muchos sostienen que en estos casos no se puede simplemente obviar la opción perdedora, es difícil señalar la medida correcta a tomar, pero en estos casos actuar como que los perdedores no tienen derechos en absoluto crea situaciones donde todos pierden.

Igualmente pasa con presidente o dirigentes que toman el mando con casi medio país en contra, aunque quieran imponer sus medidas, lo más sensato se hace que balanceen sus acciones pues estando al frente de un país también representan a la casi mitad que tienen en contra y cuyas ideas aunque no fueron victoriosas, merecen cierto respeto.